viernes, 10 de mayo de 2013

SERÉ BREVE... Capitulo 4. Marea roja.






Capitulo 4
Marea roja.
‘‘¿Caminamos por la playa?''

Esa tarde a las 5:30 pm salí de mi casa y camine rumbo a la playa. Tenía 2 meses viviendo en esta ciudad y sólo había ido a la playa una vez, serian dos con esta. Las calles de esta ciudad siempre estaban repletas de personas, no importaba la hora. Algunos eran turistas de todas partes de México y otros extranjeros.
En el camino me pare a hacer unas compras en un 24 horas.  Cuando llame a Cata después de que Sebastián me llamara para decirme que ella me esperaba en la playa, me dijo que comprara bebidas y comida chatarra para comerla en la playa, ya que según ella tomaría un rato para contarme algo groso.
Entre al 24 horas y me fui directamente a los congeladores, tomé té helado uno para mi y otro para Cata, cerré la puerta del congelador con un pie y el cobrador me miro dudoso, como si fuera una criminal.
Camine con paso rápido hasta las frituras  apenada, no quería que el cobrador veterano me viera otra vez, al parecer algo era seguro en esta ciudad: no confiaban en los jóvenes de preparatoria, creo que es así en todo el mundo, tal vez creían que en cualquier momento empezaría a destruir el local y a gritar ''VIVA LA JUVENTUD ‘o algo así...como en las películas americanas.
Mire detenidamente las bolsas de papas que estaban en los estantes, había tantas que no sabia cuales escoger. No sabía si elegir una papas clásicas y unas con limón o unas clásicas y unas sabor queso. Al final me decidí por las de sabor limón y unas clásicas, después de eso sólo faltaba una cosa, una importante para mí, un dulce picante. Fui al pasillo de los dulces y me di cuenta que el cobrador no me dejaba de mirar, en ese punto no sabia si el señor no confiaba en mi y quería mantenerme vigilada y ver si  no me robaba algo o si no iba a la sección de bebidas alcohólicas o era un pervertido pedófilo acosador. Rece porque fuera la primera teoría.
Me agache en el pasillo para que no me viera y tome un dulce de tamarindo lo suficientemente grande y duro como para atacar al viejo pervertido si se quería pasar conmigo cuando me acercara a pagar. No había mas personas en el local por lo que podría ser fácil para él.  Me levante disimuladamente y lo vi por encima de los estantes con precaución, el viejo ya no me miraba, estaba parado de espaldas hablado con alguien. Ese tipo era un gigante, media como 2 metros y era muy grande, estaba calvo y por debajo de su manga derecha llevaba un tatuaje apenas visible, su camisa de trabajo podría ser un vestido para mi y aun así me quedaría enorme, no era muy delgada pero el era enorme. El viejo apuntaba constantemente a mi dirección pero no volteaba.
Me agache otra vez y  me asegure de traer todo lo necesario para la playa. Estaba todo. Era el momento para ir a cobrar, salí del pasillo y camine a la caja sin mirar a arriba, llegue a la caja y puse las cosas para que las cobraran, levante la vista y me sorprendí al ver que el señor ya no estaba, me sorprendí tanto que gemí del susto. No era el viejo pervertido pedófilo acosador sino Xavier, pero que hacia trabajando aquí, no tenia nada de malo, pero no me lo esperaba, sonrió al verme, pero yo seguía demasiado sorprendida y avergonzada, que le habrá dicho el viejo de mi, no quería que el pensara mal de mi, aunque, yo no he hecho nada malo.
—Hey Hanare—me dijo tomando unas papas y las paso por el escáner.
—Hola—dije finalmente.
— ¿Vas a una fiesta o algo?—pregunto curioso. —Y no me invitas—
—No en realidad, no, a demás tú estas trabajando—dije.
—Si tienes razón, pero vas muy guapa, vas a ver a tu novio ¿verdad?—dijo sonriendo.
— ¿Que? ¿Yo?...no para nada—dije.  ¨ ¿A que se refiere con eso de novio?¨. Pensé.
—Bueno, y entonces ¿Me perdonas por no poder ir a la cafetería contigo?, como ves esta es la razón, mi papá quería mostrarme algo entes de venir a mi primer día—dijo mirando el total de mis compras.
—Ya...claro que te perdono, esta bien—dije buscando las palabras correctas.
—Que te diviertas—dijo cuando salía del 24 horas. Dijo otra cosa entre dientes pero no pude entenderle.
Salí del autoservicio y camine a la playa, no podía creer que me había tardado 15 minutos comprando unas cuantas cosas, sólo tenia 10 minutos para llegar a la playa y a Cata no le gustaba que las personas se atrasaran. Llegue al malecón de la ciudad y baje las escaleras a la playa. Cata me esperaba sentada en la playa, pero a su lado había otra persona.
—Hola—dije acercándome a ella.
—Estas aquí—grito como niña.
—Si aquí estoy—dije mostrando la bolsa con lo que me pidió.
—Que bien—dijo. Me di cuenta de que quien estaba con ella era Félix. Cata pudo sentir que el ambiente se tenso.
—Aahh...Bueno el ya se iba, dijo que iba a ir con su primo ¿No?—dijo Cata mirando a Félix y luego a mi y luego otra vez a Félix
—Si ya me tengo que ir—dijo el mirándome.
—Bueno, que te vaya bien—dije mostrándole la salida de la playa, mas bien corriéndolo.
—Hanare—dijo Cata seria. Sonreí.
—Si ya me voy, nos vemos luego Cata—dijo Félix y camino al malecón.

Cata y yo nos sentamos en una manta que ella había puesto antes, le di su té verde y yo tome el mío, las papas Cata las puso en el medio de las dos y empezamos a comerlas como locas. La marea no estaba muy calmada en esta playa no había gente dentro por lo que posiblemente había marea roja, el aire era calmado y fresco, muy bueno.
—Pensé que Félix te había invitado a salir hasta el sábado—empecé.
—Si, pero me lo encontré por casualidad, mientras venia para la playa y el me acompaño—dijo mirado el mar.
—Pues yo sigo pensado que no es de fiar—dije tomando una papa.
—Eso es porque no lo conoces—dijo Cata.
—Y no quiero—dije riendo.
—En realidad el es una buena persona, tienes que tratarlo, es muy divertido, y tierno—dijo.
—Lo dices.....no puedes saber como es, si llevas muy poco de conocerlo—dije mirándola.
—Ese tiempo es suficiente para darte cuenta de lo bueno que es, en verdad—dijo seria.
—Pues si tienes un poco de razón, digo, a mi me tomo 2 días para darme cuenta de que es un cabrón—dije.
— ¿Por favor?—me rogo Cata.
—Este bien—dije.
El cielo estaba anaranjado ahora y hacia más calor que hace unas horas, Cata se paro y camino hacia el mar, llevaba un short negro con una hermosa blusa azul marino tipo marinero y unas sandalias de varilla. Visualicé en mi mente la imagen de mi en el espejo antes de salir de mi casa, no me veía tan linda como ella con mi short verde militar y mi blusa blanca que tenia escrito en letras rojas ''sport'', aunque el corte de la blusa era muy lindo creo que lo arruinaba todo mi simples sandalias negras y mi bolso cruzado negro.

Recordé la razón de porque estaba aquí cuando Cata me miro y luego miro hacia arriba. Me iba a decir algo groso.
—Cata ¿Que es lo que me tenias que decir?—le pregunte caminando hacia ella.
—Nada importante, en realidad sólo dije eso para que vinieras—dijo mirándome.
—Bueno—dije mirando el mar.
— ¿Te dije que invite al Anabel y Ximena? no tardan en llegar, creo—dijo de repente.
—No, pero está bien—dije con una sonrisa.
En ese momento unas chicas llamaban a lo lejos, me gire para ver. Ximena y Anabel bajaban las escaleras a la playa. Anabel llevaba una linda blusa color melón y un pantalón corto color mezclilla. Ximena con su cabello castaño, llevaba un vestido veraniego color verde con unas sandalias negras.
Cata camino hacia ellas y yo la seguí de cerca.
—Ya estamos todas—dijo Cata contenta.
—Si, trajimos cosas—dijo Ximena.
—WOW, si que son cosas ¿Que es?—pregunte mirando la enorme bolsa de Anabel.
—Pues muchas, como una manta más grande para las cuatro, comida....no saludable—dijo con una sonrisa. —y bebidas… —
— ¿Bebidas?—Pregunte dudosa.
—No alcohólicas, tonta—dijo Ximena riendo.
—Que bueno, entonces a comer—dijo Cata.
—Esto es muy sospechoso—dije cuando todas se en caminaron y yo me quede a la orilla del mar.
— ¿Qué?—preguntó Anabel.
—Parece como si todo esto ya lo hubieran planeado antes—dije.
—Pues si, en realidad si—Dijo Ximena.
—Lo planeamos cuando yo todavía estaba molesta contigo—dijo Cata.
—Pero hoy, como ustedes se contentaron, Cata te invito—dijo Anabel.
— ¿No estas enojada...verdad?—pregunto Cata.
—No, claro que no...Vamos a comer—dije con una sonrisa. No me molestaba que Cata haya hecho planes y no me haya invitado, si en ese entonces ella estaba enojada conmigo, y Anabel y Ximena no me invitaron porque sabían que no seria bueno. Después de todo, estoy aquí porque decidí hacer....''las pases'' con Cata y ella misma me invito, así que esta bien.
Pusimos la nueva manta en la arena y nos sentamos a comer. Ximena saco de la bolsa una pizza....''pero, como saco una pizza de ahí´ pensé.
—Ohm pizza—dijo Cata.
—Tu Sebastián, me dijo que hace mucho que no comías pizza, me dijo cuando le pregunte que te gustaba más, el tonto me dijo que no sabia pero que le habías dicho que no comías pizza hace mucho, así que la traje ya que, es la primera vez que salimos juntas las cuatro—me dijo Ximena.
— ¿Mi Sebastián?—pregunte.
—Ohh si claro, se me olvido decirte—dijo Cata atragantándose con su té.
— ¿Decirme que?—pregunte.
—Es que, cuando tu y Sebastián salieron de la cafetería, y te fuiste, Félix y yo estábamos por ahí, después paso Xavier y le dijo que....bueno no escuche mucho eso ni se como paso pero el punto es que Xavier y Sebastián empezaron a hablar y yo creo que Xavier le dijo algo que molesto a Sebastián porque el le dijo que tu eras su novia—me explico Cata.
— ¿Que yo era su novia?—pregunte sorprendida.
—Si—dijo Cata.
—Pero no te enojes con el, sólo lo hizo por que se preocupa por ti y Xavier no es un buen tipo—dijo Ximena.
—No, él no tenía porque decir eso, si sabe que a Hanare le gusta Xavier—dijo Anabel.
—Si, por eso lo dijo, él ya sabe eso, no creo que lo haya hecho con mala intención—defendió Ximena. Ahora lo entendía, por eso Xavier me pregunto que si iba a ir con mi novio, y por eso Sebastián me dijo que no lo odiara. No lo odiaba pero estaba molesta por lo que dijo, el sabia que a mi me gustaba Xavier y que, lo que menos quería era que el pensara que yo tenia novio, no lo tengo, pero... ¿Que le habrá dicho Xavier que le hizo decir eso? tenía que averiguarlo. 
—bueno pero ¿tu que piensas Hanare?—me pregunto Cata.
—Es un cabrón—dije metida en mis pensamientos.
—Sus palabras vienen de sus pensamientos, se le ve en la cara, esta molesta—dijo Ximena.
—Y como no, yo también lo estaría—dije Anabel acomodando sus rubios cabellos. —Mejor hay que hablar de otra cosa y comer la pizza—dijo tomando un trozo.
—Si—dije. Cada una tomo un trozo de la pizza y comimos, el cielo ya estaba más anaranjado y el mar seguía algo turbio.
Cuando acabamos de comer y gritar como locas recogimos las cosas y fuimos a la orilla del mar a mojarnos los pies, Cata y Ximena seguían gritando y más cuando la ola se acercaba a ellas.
—Hey—grito Anabel. — ¿Caminamos por la playa?—nos pregunto.
—Pero yo quiero mojarme, quiero meterme al mar, no sólo estar en la orilla—se quejo Ximena.
—Pero hay marea roja, no vez las banderillas—dije apuntando las banderillas rojas que estaban en la arena.
—Podemos caminar, y si nos apuramos podemos llegar a un lugar estable antes de que oscurezca—dijo Anabel.
—Bueno hay que apurarnos—dijo Cata corriendo por la arena con sus sandalias en la mano.
—Espérame—le grito Ximena corriendo atrás de ella. Anabel y yo fuimos por las cosas. La bolsa de Anabel era muy práctica, como ya no traía la caja de la pizza y las bebidas ahora era mucho más pequeña con solo la manta y mucho más liviana, casi estaba del mismo tamaño que mi bolso. Recogimos nuestras sandalias y corrimos tras ellas, que gritaban como si las fueran a matar. Pasábamos por entre las muchas familias que se divertían a la orilla del mar y algunos ancianos y señores nos miraban como si recordaran su juventud incluso algunos reían.
—Cata, dije caminar, no correr—le grito Anabel. Parecían locas gritando y riendo por toda la playa. La arena del mar era pesada no se como no se cansan. Seguimos corriendo hasta que encontramos una bandera verde; Cata y Ximena gritaron aun más cuando la vieron, soltaron sus sandalias al aire y corrieron al mar.
—Al fin—dijo Anabel recogiendo las sandalias de la arena.
—Vaya sitio más afortunado que escogieron—dije. Parecía que su día no podía salir mejor, el lugar estaba lleno de chicos turistas, había muchos chicos rubios, morenos e incluso unos cuantos pelirrojos.
—Creo que lo hicieron a propósito—dijo Anabel guardando las sandalias en su bolsa.
—Vamos al mar—dije.
—Si vamos—dijo y puso su bolsa en la arena.
El agua estaba el algo fría. Me llagaba a las rodillas y empecé a imaginar que en cualquier momento algo me agarraría el pie y morirá.
—Yo...yo mejor las espero aquí...no mejor en la orilla...si, en la orilla—dije caminando a la orilla.
— ¿Qué?, claro que no, tu te vienes con nosotras—dijo Anabel.
—Es que me da miedo—dije.
— ¿Porque?—pregunto.
—Porque si me sale algo y me  pica o me muerde o me ahogo—dije.
—No claro que no, mira a Cata y a Ximena, nada les a pasado ¿Verdad?—me dijo tomando mi mano.
—Bueno esta bien—dije y la seguí de cerca. Voltee a ver cuan lejos estaba de la orilla y me sorprendí al ver que algunos chicos nos miraban curiosos.
—Ana...Anabel, nos están mirando mucho—le dije cuando el agua ya me llagaba a la cintura.
— ¿Quienes?—pregunto girándose. —Ooh...ya, no importa, vamos—dijo.
Llegamos a donde Cata y Ximena y me pregunte porque no iban mas dentro como los demás.
—no vamos mas dentro porque no traemos ropa para el mar, nos podríamos ahogar—dijo Cata.
—Ves, Anabel me puedo ahogar—dije con miedo. Estaba como niña agarrada de ella.
—Claro que no sólo si entras mas, además traes un short eso es para mi que traigo pantalón—dijo calmándome.
—si y además es un pantalón corto te llega como a las rodillas, no hay problema—dijo Ximena a Anabel.
-Hablando de problemas—dijo Anabel. —porque... ¿decidieron quedarse aquí? .... ¿ya vieron a su alrededor?—
Cata y Ximena miraron a todos lados y se sorprendieron aun más que yo. Rieron y hablaron cosas que no puede entender bien.
— ¿Cómo no nos dimos cuenta?dijo Ximena.
—Que coincidencia—dijo Cata.
—Si claro coincidencia—dije con sarcasmo.
—Hay que divertirnos—Dijo Ximena.
La siguiente media hora no la pasamos divirtiéndonos y jugando con unos chicos turistas. Yo no quería mucho, pero, incluso Anabel parecía animada con la idea de jugar con turistas españoles. Los chicos tenían un lindo acento y eran muy amables; recordé lo que una vez me dijo mi prima, que los españoles eran muy guapos y calientes, posiblemente eso estaban pensando Cata, Ximena y Anabel. Nos divertimos mucho hasta que el reloj marco las 7:30 y teníamos que volver a nuestras respectivas casas. Nos despedimos y me fui a mi casa corriendo antes de que mi padre llegara a casa.
Pase por una calle transitada y pare un una esquina. Me congele. Regrese por donde venia y mire detenidamente una tienda de música. Ahí justo en frente de mi estaba la mas asombrosa, hermosa, y extraña mochila que jamás haya visto, mi mochila no era bonita y estaba algo gastada porque era la que llevaba en la secundaria. La mochila simple sin tantas bolsas y negra tenia impreso el nombre de varias bandas de rock y de metal como The Doors, Led zappellin, Scorpions, The Beatles, AC/DC, Guns & Roses, Nirvana e incluso de rock alternativo como Audioslave y rock mas actual como HIM y Marilyn Manson. Era la mochila perfecta. Toque mi bolso para ver si traía mi monedero de onigiri y sentí mi ropa mojada. No podría entrar a la tienda mojada, pero si alguien mas compraba esa mochila. No podía esperar hasta mañana para comprarla. Entre mojada a la tienda y agarre la mochila.
— ¿Sólo comprara eso?—me pregunto amablemente la chica de la caja, tenia el cabello rojo artificial y lo llevaba en una coleta despeinada, vestía completamente de negro y tenia un industrial en la oreja.
—Si gracias—dije.
—Son 120—me dijo poniendo la mochila en una bolsa. Page y tome la bolsa.
—Gracias—dije.
Salí de la tienda y corrí hasta mi casa. Empecé a sentir un dolor en mi estomago, había sido un día largo y me puse a pensar y me di cuenta de que había comido mucho y nada de lo que comí hoy era precisamente comida saludable; por suerte cuando llegue mi padre aun no llegaba a casa.
Revise el teléfono y no tenia llamadas, subí las escaleras y me metí en la regadera. ``Tal vez el agua me ayude y se me quite el dolor de estomago´´ pensé. Pero no, el dolor se hizo más fuerte y tenia ganas de vomitar. Unas luces amarillas iluminaron mi cuarto. Mi papá había llegado. Baje las escaleras lentamente y lo vi entrar por la puerta.

—Hola, cariño, ¿como estuvo tu día?—me pregunto mientras ponía su saco en el sillón.

—Bien, estuvo bien, hice muchas cosas—dije.

—Bueno, Adivina que traje para cenar—dijo caminando a la cocina con una bolsa.

— ¿Que?—pregunte  fingiendo entusiasmo. Tendría que comer lo que trajo, aunque me dolía el estomago, él nunca trae algo para la cena así que tendría que comerlo, no quería lastimarlo, se que se sentiría triste si no lo como. Mi papá es algo delicado con eso del afecto así que no tenia otra opción.

—Alitas picantes, como te gustan—dijo poniéndolas en un plato.

—Que rico—las hubiera amado si no fuera en este momento.

—Comeremos poco, porque hay pastel, tu madre lo hizo así que no hay que desperdiciarlo—dijo sentándose a comer. Me senté a comer y puse pesadamente 3 pequeñas alitas en mi plato. Le di un diminuto mordisco a una de las alitas y automáticamente me empezó a doler mas el estomago.

—Y ¿Que hiciste hoy?—me pregunto de repente.

—Pues muchas cosas, como: fui a una cafetería y tomé un café muy bueno, y luego a la playa con unas amigas y nos divertimos mucho jugando con...—me detuve, no podría decirle a mi papá que jugué con unos turistas españoles… No era muy estricto, pero cuando se trataba de chicos era muy diferente. —una pelota. —dije en cambio. — y luego cuando venia de regreso me compre una mochila nueva— .

—Ahh, pues si que te divertiste—dijo.

—Si—dije tomando soda. Terminamos las alitas y mi padre trajo el pastel. Esto parecía no acabar nunca. Cuando acabe la pequeña rebanada de pastel me fui a mi cuarto. Me tumbe en la cama y me puso en posición de feto y con las manos presione mi estomago. Me dolía demasiado.
''Odio los dolores de estomago, siempre parecen eternos''. Pensé y poco a poco me quede dormida.



Al siguiente día en la escuela entre al salón y vi a Sebastián en su butaca escuchando música y haciendo garabatos en su cuaderno. Suerte que Xavier todavía no llegaba. Camine hacia el, me agache y le quite los audífonos.

—Hey...hola Hanare—me dijo.

— ¿Porque diablos le dijiste a Xavier que tu eras mi novio?—le pregunte furiosa.

— ¿Porque?.....tengo mis razones—dijo y se volvió a poner los audífonos. Se los quite.

—Dime ya—le dije.

—Porque pienso que no es un buen tipo—dijo mirándome.

— ¿Porque?—pregunte.

—¡¡Mira!! nueva mochila, que bonita, ¿Donde la compraste?—cambio de tema.

—¡¡No cambien tan obviamente de tema y dime!!—le dije.

—Mira, tu dices que no confías en Félix ¿No?—

—Si y eso que, que tiene que ver—dije.

—Pues yo no confió en su primo—dijo serio.

— ¿Su primo?—pregunte confundida.

—Si Xavier es primo de Félix. Félix Paramo y Xavier Paramo. ¿Que nunca te diste cuenta? y es tu compañero de ética—dijo tomando sus audífonos.

—No lo sabía, además, él...no es igual a Félix—dije sorprendida por lo que acaba de escuchar.

—Linda, siento habértelo dicho así pero....el es igual a su primo—dijo Sebastián. No quería creerle, Xavier no era como Félix, pero los ojos de Sebastián decían la verdad y el nunca diría algo como eso sólo por lastimarme, de eso estaba segura. Él nunca me mentiría de esa manera.

—Hanare, lo siento en verdad, le diré a Xavier que es mentira que yo soy tu novio pero, no te ilusiones por favor, el no es bueno, hay muchos, muchos chicos en la escuela, hay mas salones...—dijo.

—Gracias—le dije con una sonrisa. Me senté en mi butaca y en ese momento Xavier entro al salón. No creía que el fuera así de ese tipo de hombres, no lo creía y no quería creerlo. La clase comenzó y Xavier se sentó en su butaca que estaba al frente. Con mi mano acerque a Cata hasta que su oreja se acercara más a mi boca.

—Cata, el dicho ¨De tal palo tal astilla¨ no aplica en primos ¿verdad?—le pregunte al oído.

—No lo se, ¿por?—dijo en voz baja.

—Por nada—dije.

Sebastián me dio un papel disimuladamente. '' No estés triste''. Volteé y le sonreí pero el no me miraba. Después de eso no le hable en todo el día, no podía, de alguna manera me daba vergüenza hablarle, pero quería decirle que no estaba molesta con el, no pude decírselo cuando llegue a la escuela, sólo hice parecer que en verdad estaba molesta con el y como no le hable....tiene ahora dos razones para creer que estoy enojada.
Cuando la campana sonó en la última clase y todos comenzaron a irse, me pare de mi butaca y me puse en frente de Sebastián que todavía guardaba sus cosas.

—No, no esto enojada contigo, no te odio, no pienses eso—empecé. Sebastián me miro.

—Está bien—dijo con una enorme sonrisa. —ya le aclare todo a Xavier no te preocupes—dijo parándose de su butaca. Sonreí.

—Tu mochila es muy bonita—dijo mientras salíamos del salón.

—Gracias—dije.

—Me alegro que no estés molesta. Cuando me dijiste que no estabas enojada parecías una nena—dijo rodeando mis hombros.

—No es cierto—dije.

—Claro que si—dijo. —Hasta mañana—.

—Hasta mañana—dije y me fui a mi casa.

Espera el próximo capitulo : Capitulo 5. ¿Qué es el amor?